LA APOSTASÍA COMO SEÑAL DEL ARREBATAMIENTO

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Jesucristo mismo señala la apostasía como señal de los últimos tiempos: “Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.” (Mt. 24:3-5).

El apóstol Pablo también la señala como condición especial del tiempo postrero: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; …” (1 Ti 4:1).

“Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, …” (2 Ts. 2:3). “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” (2 Ti. 3:1-5).

Ahora bien, si la apostasía existe desde los tiempos de Israel en el desierto, ¿por qué constituye señal de los últimos tiempos? La palabra clave aquí es Muchos: “…vendrán muchos en mi nombre…”; “…a muchos engañarán”. Esto es lo que se denomina la apostasía severa, que no es otra cosa que un rechazo cada vez más acentuado hacia la verdad; mientras mayor apostasía se manifiesta, más cerca se encuentra la venida del Señor.

La apostasía en tiempos de la Iglesia actual.

Pablo nos señala que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos, caracterizados por la aparición de estos apóstatas. 2 Ti. 3 nos señala las características de estos hombres, y sin lugar a dudas que podemos ver muchos de estos comportamientos en nuestros tiempos, aún dentro de nuestro círculo cercano.

Este mismo pasaje nos habla de las características de los apóstatas en nuestros tiempos; algunas de ellas son:

• Amadores de sí mismos: Estos hombre son ególatras, para ellos lo más importante son ellos mismos, no Dios.
• Avaros: El amor al dinero en ellos en fuerte, pueden tener mucho, pero no se conforman y quieren más y más.
• Vanagloriosos: Buscan el reconocimiento, son “los mejores”.
• Soberbios: No bajan de sus pedestales de egolatría, orgullosos; aunque las circunstancias les puedan ser contrarias, siguen en sus altares de soberbia.
• Implacables, crueles, aborrecedores de lo bueno: Su perfil se ajusta a hombres exitosos intelectualmente hablando, que han alcanzado conocimientos humanos importantes, los que le han llevado a pensar en la autosuficiencia del ser humano. Consideran que la fe no sirve, que no necesitan de Dios.

El mundo está lleno de estos hombres; la sociedad actual está basada en el humanismo, en la suficiencia del hombre en todo ámbito. Con preocupación podemos observar el avance de estos pensamientos; en los colegios y universidades se enseñan pensamientos humanos que excluyen completamente la deidad de Dios: evolución, agnosticismo, big bang, falsas doctrinas orientales, etc.. Y en el ambiente cristiano cada vez con más fuerza se manifiestan este tipo de pensamientos, existiendo hombres estudiosos de la Palabra que se llenan de conocimiento pero no de fe, o sea, saben la Palabra pero no la creen. Tratan de entender y explicar a un Dios infinito con una mente humana finita. ¿Será esto posible?

Como dice el poeta: “No lo puedo entender, pero Él me ama; no lo comprendo, pero Él me cubrirá…”.

Prestemos atención a lo siguiente, lo cual es muy común en nuestros tiempos: “…y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas.” (2 Pe. 2:3). ¿Le suena familiar esta situación? Si no le parece cercana, no falta mucho tiempo para que lo sea. Uno de los principales incentivos para estos apóstatas es el bienestar económico que pueden obtener de sus engaños. La Palabra habla de que estos hombres descubren nuevos “mercados” de los cuales pueden extraer jugosos dividendos.

Descubren que los cristianos son una excelente fuente de ingresos, ya que muchos pueden comprar música, libros, asistir a prédicas con derecho de admisión ($). Vemos la existencia de empresas “cristianas” que se dedican sólo a sacar el dinero de los cristianos.

Con tristeza podemos ver la apostasía manifiesta en la humanidad, a través de la exclusión de los principios de Dios de la vida del hombre. Cada vez es más común ver que “ya no se usa” el matrimonio, que la convivencia es lo mejor. El aborto ya es una práctica común que necesita sólo la voluntad humana para llevarse a cabo. Homosexualidad ya es una palabra común y normal, y el que no acepta sus prácticas ya puede ser condenado por la justicia humana. Pornografía, pedofilia, y así podemos ver manifiestas muchas prácticas reñidas con la voluntad de Dios. “Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?” (Sal. 11:3).

Dentro de algunas iglesias también podemos ver las manifestaciones de la apostasía. Vemos que el mensaje de la Palabra del Señor ha perdido importancia ante la música y los cantos; que las manifestaciones del Espíritu han sido desplazadas por la sensualidad y las emociones; que el “cristiano” no se compromete con Cristo, asiste al templo a “calentar banca” y cuando sale de él sigue su vida mundana de siempre.

Por misericordia, podemos hacer nuestros los consejos que el apóstol señala a Timoteo: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Ti. 3 14-17)

Nuevamente las Escrituras son señaladas como nuestra defensa, en las cuales debemos permanecer, persistir, aprender e instruir para estar preparados ante los ataques apóstatas. “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio, …” (2 Ti. 2:8). Aunque todo parezca ir en contra, aunque la apostasía se manifieste con mayor fuerza, aunque parezca que estamos solos, ¡acordémonos de Cristo!

FALSOS MAESTROS

Otra señal de los últimos tiempos es la aparición de falsos “hombres de Dios” que buscan hacer caer al cristiano en apostasía, como lo señala Pedro: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.” (2 Pe. 2:1). Nótese que originalmente comparten la misma doctrina cristiana, pero en algún momento se desvían y arrastran. Estos hombres cumplen una función dual: son ellos mismos apóstatas y buscan hacer caer a los hermanos en apostasía.

¿Cómo reconocerlos?

Judas también señala la aparición de estos hombres, llamándoles burladores, sensuales2 y causantes de divisiones, “…que no tienen al Espíritu” (Jud. 1:17-19). Asimismo, Judas ofrece una precisa caracterización de estos falsos maestros, útil para reconocerlos; estos apóstatas son:
• Impíos (v.4)
• Moralmente pervertidos (v.4)
• Niegan a Cristo (v.4)
• Contaminan la carne (v.8)
• Rebeldes (v.8)
• Maldicen a los ángeles santos (v.8)
• Soñadores (v.10)
• Ignorantes (v.10)
• Corrompidos (v.10)
• Murmuradores (v.16)
• Buscan faltas (v.16)
• Buscan intereses personales (v.16)
• Hablan arrogantemente (v.16)
• Lisonjeros (v.16)• Burladores (v.18)
• Causan división (v.19)
• Piensan en términos mundanos (v.19)
• Sin el Espíritu (v.19)

La ley de Moisés también señala un mecanismo de reconocimiento de estos hombres, y asimismo el propósito de Dios al permitir estas manifestaciones: “Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, y si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños; porque Jehová vuestro Dios os está probando, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma.” (Dt. 13:1-3).

Sensual: Perteneciente o relativo a las sensaciones de los sentidos (RAE). A los falsos maestros apóstatas se les asigna este adjetivo porque se dejan llevar por sus pensamientos gobernados por las sensaciones y sentimientos humanos.

Jesucristo mismo nos señala la forma de reconocer a estos “lobos con pieles de ovejas”: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?” (Mt. 7:15-16). Los frutos son la manera de reconocer si un ministerio es del Espíritu o no.

Falsas doctrinas y falsos maestros: ¿Qué hacer ante ellos?

El apóstol inspirado divinamente nos señala que no debemos quedarnos de brazos cruzados, sino enfrentar y contender: “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.” (Jud. 1:3-4).

¿Seremos capaces de ejecutar esta instrucción? La forma eficaz de contender ardientemente es utilizando el respaldo del Espíritu Santo a través de las Escrituras; por esta razón es tan importante estar apercibido de lo que nos dice el Señor a través de ellas. Esto hace que servicios como la Escuela Dominical adquieran vital importancia, pues es allí donde aprendemos con mayor detención a utilizar la “espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Ef. 6:17).

¿Quiénes son anticristo?

Anticristo es todo aquel que no reconoce o niega el sacrificio de Jesucristo, al convertirse en Salvador de la humanidad haciéndose carne y cargando con todo el pecado: “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.” (1 Jn. 2:22); “Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo.” (2 Jn 1:7).

Reconociendo a los anticristos.

El Espíritu depositado en los creyentes permite reconocer que Jesucristo es el Hijo de Dios, y a su vez, revela la presencia de anticristos: “Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.” (1 Jn. 2:20).
Esta unción no está depositada en los falsos profetas y anticristos, de manera que debemos probar los espíritus para conocer ante quién estamos:

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.” (1 Jn. 4:1-3).

CONCLUSIÓN

Como hemos podido observar, los términos apostasía, falsos maestros y anticristo están profundamente ligados, a tal punto que el apóstata es, en definitiva, falso maestro y anticristo, es decir, abandonó su fe en Jesucristo, tomando el camino contrario al negar su deidad y sacrificio, y más aún, enseñando estas “herejías destructoras” para tratar de hacer caer a los cristianos. El Espíritu Santo a través de su Palabra nos advierte frecuentemente de la presencia de estos hombres, nos exhorta a cuidarnos de caer en sus engaños y, más aún, a “contender ardientemente” por nuestra fe.

El creyente posee al Espíritu Santo, cuya unción le permite conocer todas las cosas. Dicha cualidad le revela la presencia de falsos maestros y anticristos en las congregaciones, recordando que estos hombres pertenecen o han pertenecido a nuestro círculo de hermanos. El mismo Espíritu le permite al creyente poder evaluar los frutos que dan estos hombres, ya que sabemos que si un ministerio es espiritual, debe necesariamente dar frutos del Espíritu Santo, confesando que Jesucristo vino en carne, tomó nuestro lugar y se dejó morir para otorgarnos vida eterna. Si no confiesa a Jesucristo como Dios y como Salvador, necesariamente se trata de un apóstata, falso maestro y anticristo.

La aparición de falsos maestros y anticristos es una señal indubitable de que la venida del Señor está a las puertas. Sin duda serán tiempos difíciles, pero la potestad de ser hijos de Dios dada a los creyentes nos permitirá detectar la presencia de estos burladores entre nosotros. Estas señales significarán dolor en muchos, pero nosotros debemos estar gozosos al entender que contamos los segundos para ser levantados y llevados a la presencia del Señor.

Dios Los Bendiga.

Atalaya: Jose Antonio Valladares
Siervo de JESUCRISTO

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